The Curator

La película de la semana: ‘Michael’, es mala, muy mala

El regreso a la gran pantalla de Michael Jackson ha generado una expectación inmensa, pero si esperabas un retrato profundo, humano y honesto sobre el Rey del Pop, prepárate para una decepción monumental. La nueva película, titulada simplemente Michael, se perfila como una hagiografía calculada que sacrifica cualquier atisbo de realidad en favor de un relato blanqueado y comercialmente seguro.

Una maniobra de marketing sin alma

Dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por Jaafar Jackson —sobrino del artista—, la cinta repasa los años dorados de la estrella, desde sus inicios en los Jackson 5 hasta el lanzamiento de Bad en 1987. Sin embargo, este enfoque evita deliberadamente las aristas más controvertidas de su vida. El guion, sorprendentemente insulso para un autor de la talla de John Logan, ignora deliberadamente las tensiones familiares violentas, los problemas de dismorfia corporal y las complejidades psicológicas que forjaron al artista.

El triunfo de la censura corporativa

El filme se siente más como una pieza publicitaria controlada por los gestores de su legado que como un proyecto cinematográfico genuino. En lugar de explorar qué llevó a un niño a transformarse en el icono musical más célebre del siglo XX, la obra se pierde en recreaciones de momentos icónicos y escenas diseñadas para proyectar una imagen inmaculada. La insistencia en mostrar a un Jackson constantemente entregado a causas benéficas mientras se omiten las polémicas que marcaron su trayectoria no solo es engañosa, sino que insulta la inteligencia del espectador.

Talento desperdiciado frente a la cámara

Es innegable que existe un esfuerzo técnico notable. Jaafar Jackson realiza una imitación convincente de su tío y Fuqua es un director con oficio, pero ambos parecen atrapados en un corsé corporativo. El resultado es un producto tan desinfectado que resulta translúcido, dirigido exclusivamente a aquellos fans que prefieren el engrudo sin riesgos a la verdad cruda. Michael no busca la redención artística ni la profundidad biográfica; busca ser un vehículo de ventas que, lamentablemente, deja al espectador deseando que la función termine mucho antes de tiempo.