En la cautivadora travesía cinematográfica de «Bob Marley: One Love», hay un momento clave, no muy adelantado, donde inevitablemente te encuentras formulando la misma pregunta que cuando te enfrentas a otras biografías musicales como las de Freddie Mercury, Elton John, Jerry Lee Lewis o Johnny Cash: ¿Cuánto se asemeja esta representación al auténtico Marley? No me refiero únicamente a lo físico ni a la voz, aspectos sobre los cuales los seguidores poseemos cierto grado de conocimiento previo. Hablo más bien de aquello que nunca hemos presenciado: la personalidad fuera del escenario, las reacciones y la forma en que interactuaba con su entorno en diversas circunstancias, ya sea durante un ensayo arduo, un partido informal con amigos, un viaje en automóvil con sus hijos o el caos de un concierto de The Clash en Londres, 1977.
Desde esta perspectiva, la interpretación de Kingsley Ben-Adir como Marley en esta tan esperada biopic musical puede sonar enfática, solemne, incluso crecientemente mesiánica. Sin embargo, surge nuevamente la pregunta: ¿Será este Marley de la película una representación excesiva, o más bien un retrato moderado a pesar de las apariencias? Hacia el final de «One Love», el director Reinaldo Marcus Green y los productores, incluyendo a la propia familia de Marley (un detalle de suma importancia), parecen anticiparse a esta interrogante. Introducen imágenes de archivo de la época donde vemos a una figura físicamente muy diferente a Ben-Adir, pero imbuida efectivamente en una aura mística similar, si no mayor, a la sugerida por la película. ¿Podría ser que esta versión de Marley en la biopic parezca excesiva, pero en realidad sea un retrato más equilibrado?
Esta incógnita flota en el aire, como una especie de enigma natural, desde los primeros compases de «One Love». Para que la película tenga éxito, necesitará de toda la iluminación que Jah pueda proporcionarle. Porque, si bien Mercury, Lewis, Cash, y también Morrison y Presley, fueron todos personajes sumamente distintos, Marley es un caso aún más peculiar entre las superestrellas destinadas a la gran pantalla. El jamaiquino no era simplemente un artista ni mucho menos un producto de la industria del entretenimiento anglosajón. Sus discos, y de hecho la mayor parte del reggae de su tiempo, contenían música espiritual en su esencia, una especie de góspel disruptivo y renegado, profundamente arraigado en la cultura rastafari y alejado de los convencionalismos de la música pop.
Marley no era solo una estrella pop, sino un líder espiritual cuya música trascendía las fronteras. Para retratarlo, «One Love» opta por enfocarse en un período corto pero significativo de su vida, más allá de algunos flashbacks y pasajes alegóricos. La historia abarca desde el atentado que sufrió Marley en 1976, en medio de una Jamaica convulsionada, hasta sus días en Londres para la grabación del inspirador álbum «Exodus» y su regreso a la isla para el histórico concierto de 1978, donde logró unir a rivales políticos en el escenario.
La película es meticulosa en la reconstrucción de la historia, repasando con precisión las circunstancias del atentado en 1976 y la introducción de Rita a la fe rastafari. Además, destaca por su impecable recreación de la época, desde la forma en que los Wailers se posicionaban en el escenario hasta los detalles de la vestimenta de los personajes secundarios. Green evita las postales turísticas, mostrando una Jamaica sin playas pero llena de shanty towns y plantas de bauxita, con incursiones en las montañas jamaiquinas.

Sin embargo, la fuerza de «One Love» reside principalmente en la música. Supervisada por Stephen Marley y con la participación de Aston Barrett Jr., la obra de Marley cobra vida de una manera única. La amplificación en las salas de cine nos sumerge en las canciones clásicas del artista, destacando el denso entramado instrumental y armónico de The Wailers.
Por otro lado, la película peca de ser demasiado fiel a las convenciones del género biográfico. Green narra la vida de Marley de manera ortodoxa, siguiendo las reglas establecidas en lugar de buscar innovar. Además, la elección de un actor británico para interpretar a Marley puede resultar problemática para algunos fanáticos jamaiquinos, quienes cuestionarán su autenticidad en comparación con el verdadero Marley.
En resumen, «One Love» es una película que cautiva por su atención al detalle y su emotiva banda sonora, pero que al mismo tiempo se apega demasiado a las convenciones del género biográfico. A pesar de sus imperfecciones, ofrece un vistazo fascinante a la vida y la música de una de las figuras más icónicas del siglo XX.
